CON PRECAUCIÓN
Los problemas del montepío siguen sin resolverse
Por Sergio Mejía Cano
Pues por lo que se ve, al parecer la huelga del Nacional Monte de Piedad (montepío) va para largo, ya que de acuerdo a las informaciones en algunos medios y comentarios de trabajadores de esta institución de préstamos económicos mediante prendas no se ve que pudiera haber algún tipo de solución que favorezca a los trabajadores en sus exigencias y menos, porque también se dice que el montepío está pasando por una crisis financiera la que hace más problemático algún tipo de solución.
Pero el problema lo están sufriendo no nada más los trabajadores y trabajadoras de esta casa de empeño, sino también la gente que tiene prendas ahí dentro que quisieran rescatar o en su caso refrendar, lo que por el momento se hace prácticamente imposible; aunque la Procuraduría Federal del Consumidos (PROFECO) tiene soluciones claras para el público usuario de esta casa de pignoración, pues se les dice a quienes están preocupados por sus prendas empeñadas que podrían recibir en efectivo un remanente del precio en que se empeñaron en caso de que se llegaran a vender y, en caso de que no sea así, sus prendas están aseguradas. Las que les serán entregadas al momento de finalizar esta huelga.
Muchos de los que pertenecemos a la juventud de la tercera edad recordamos que hasta finales del siglo XX el montepío era la única casa de empeño existente en nuestro país; claro que había otras pequeñas casas, muchas de ellas clandestinas que, por lo mismo, practicaban más bien la usura. También prestamistas particulares que se acercaban a los centros de trabajo o entre sus mismos compañeros de trabajo a los que les hacían préstamos de dinero con alguna prenda de por medio o firmando pagarés o hasta por la palabra, un sistema, este de bajo palabra, que cada vez está más en desuso debido a que la civilidad, el honor y la honestidad infortunadamente cada día se aleja más de los mexicanos.
Y si bien ya existían aquellas pequeñas casas de empeño por lo regular clandestinas la mayoría de estas, a partir del año 2000 y durante el sexenio de Vicente Fox Quesada (2000-2006) comenzaron a fluir infinidad de casas de empeño ya con su permiso, aunque en sí no significaron gran competencia en contra del montepío nada más con la salvedad de la distancia en la que quedaba el montepío de esas nuevas casas de empeño que, por lo regular, la mayoría de ellas se instalaron en las zonas céntricas de las ciudades del país.
Sin embargo, no nada más proliferaron casas de empeño, sino también las llamadas financieras de las que se llegó a documentar alguna vez que el sistema de pagos de abonos por algún préstamo obtenido por los usuarios eran algo turbios y nada claros, pues se llegaron a documentar casos de personas que habían pedido prestados 2 mil pesos y a pesar de estar pagando abonos en tiempo y forma, por alguna extraña razón la deuda no bajaba.
Cierta vez comentó un jubilado ferroviario que la más pequeña de sus hijas al recibirse de abogada se metió a trabajar a una de estas financieras de las que se decía era propiedad de Vicente Fox, aunque nunca se comprobó este rumor. Su hija se vio en la necesidad de tener que renunciar a ese trabajo en la financiera al darse cuenta de la perversidad con la que se manejaban en esa financiera con movimientos numéricos que afectaban mucho al público usuario, porque supuestamente era la política de esa empresa.
Señaló un caso que le comentó su hija: una señora pidió un préstamo de 3 mil pesos. Esta señora no se atrasó nunca en el pago de sus abonos, pero al pedir un estado de cuenta se le dijo que aún le quedaban poco más de 2 mil pesos de deuda. Sin embargo, cierto día llegó a pagar el saldo total del préstamo gracias a que uno de los hijos de la señora le había mandado dinero para que finiquitara esa droga con la financiera; pero la financiera se negó a recibirle el pago del total de la deuda precisamente por la política de la empresa de no recibir pagos totales para que la gente siguiera abonando tal vez infinitamente.
En el sexenio de Vicente Fox no nada más proliferaron casas de empeño, sino también se dieron los permisos para la instalación de casinos y casas de juego y apuestas, algo que según la historia de nuestro país estaban prohibidos, lo que se confirmó más en el sexenio del Tata, don Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940); aunque no así las peleas de gallos en donde se cruzan apuestas sin ton ni son.
Lo curioso de todo esto es que todo esto creció cuando más jodida estaba la población, económicamente hablando.
Sea pues. Vale.
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